Más de 760 inmersiones en el mar donde desapareció su esposa: el duelo submarino de un sobreviviente japonés
Yasuo Takamatsu se sumerge periódicamente en la costa de Onagawa para rastrear los restos de su mujer, arrastrada por la catástrofe de 2011.
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Lo central · para leer en 30 segundos
- Yuko desapareció el 11 de marzo de 2011 tras el tsunami que arrasó Onagawa, luego de refugiarse en la terraza del banco donde trabajaba.
- Tras dos años de rastreos infructuosos de la Guardia Costera, su esposo aprendió a bucear para continuar la exploración por sus propios medios.
- Yasuo completó más de 760 descensos marinos que, con el tiempo, se transformaron en un ritual íntimo de homenaje y cercanía hacia su pareja.
Yasuo Takamatsu mantiene desde hace años una rutina solitaria frente al puerto de Onagawa, en la prefectura japonesa de Miyagi. Dos veces al mes, el hombre se embarca y desciende a las aguas del océano Pacífico con equipo de buceo autónomo para intentar hallar rastros de su esposa Yuko, desaparecida durante el violento terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011. Con más de 760 inmersiones registradas, la misión trascendió la meta inicial de encontrar sus restos y se consolidó como un espacio personal para mantener presente su memoria.
La tragedia comenzó la mañana del impacto marítimo, cuando Yasuo despidió a su compañera en la puerta de la sucursal bancaria en la que ella trabajaba. Minutos después del sismo de magnitud 9, las sirenas llevaron a la mujer y a doce compañeros a subir a la terraza de la estructura para protegerse de la crecida. Desde lo alto, Yuko alcanzó a mandarle un último mensaje telefónico donde le consultaba si se encontraba a salvo y le expresaba su deseo de retornar al hogar.
Al otro día, Yasuo fue al hospital municipal, sitio donde se reunía a los sobrevivientes, pero las autoridades le notificaron que la corriente se la había llevado. Durante dos años observó con impotencia cómo los buzos de la Guardia Costera japonesa rastreaban el lecho marino para rescatar pertenencias de miles de damnificados. Al advertir que las búsquedas estatales no arrojaban pistas sobre el paradero de Yuko, resolvió aprender la disciplina marina para continuar el rastreo por sus propios medios.
En sus descensos hacia zonas de hasta 50 metros de profundidad, el hombre convive con los destrozos provocados por la catástrofe natural. Sin un cuerpo ni una tumba para cumplir con el tradicional rito budista del kuyō, las inmersiones asumieron ese papel reparador. Según contó a la BBC, la experiencia representa una forma de ir a reunirse con ella. Pese a la tristeza de observar los escombros submarinos, Yasuo remarcó que no guarda rencor hacia el océano, un entorno donde creció y al que todavía valora por su belleza.
Qué dice cada medio
Clarín: Incorporó declaraciones del protagonista brindadas a la BBC, el texto del último mensaje de la mujer y el marco cultural del rito budista del kuyō.
El Cronista: Puso el acento en la frecuencia quincenal de los viajes, la profundidad de 50 metros que alcanza en las inmersiones y el total de 760 descensos.
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Fuentes consultadas
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- Clarín
- El Cronista